
Siembra nueva
Agricultura. Clima y sanidad: a Dios rogando y con el mazo dando
La nueva campaña agrícola en Córdoba estará marcada por el riesgo sanitario y las perspectivas climáticas. La estrategia de siembra apunta a sostener el potencial productivo con una menor exposición al riesgo.
Alejandro Rollán
AMBIENTE. Las condiciones meteorológicas y la sanidad de los cultivos serán clave para definir la siembra 2026/2027 en Córdoba.
Córdoba tiene motivos suficientes para mirar al maíz con orgullo. La última campaña no fue una más: con 3,5 millones de hectáreas sembradas, una producción de 26 millones de toneladas y un rendimiento promedio de 83,2 quintales por hectárea, la provincia volvió a demostrar que su potencial maicero está lejos de haber encontrado un techo.
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Pero precisamente por eso, la nueva campaña presenta un desafío diferente. El problema ya no parece ser cuánto puede producir Córdoba, sino cuánto riesgo está dispuesta a asumir para sostener ese potencial.
La presencia de Dalbulus maidis (la chicharrita del maíz) modificó de manera sustancial la lógica con la que los productores deben planificar el cultivo.
Después de una campaña en la que el impacto del insecto y del espiroplasma puso en evidencia la vulnerabilidad del sistema, hoy existe algo que hace un año era mucho más escaso: conocimiento.
Hay más monitoreo, más información, mayor experiencia y una comprensión más precisa de la dinámica de la plaga. Es una ventaja enorme.
Pero no significa que el problema haya desaparecido. La persistencia de poblaciones de chicharrita en el territorio obliga a asumir que el manejo no puede limitarse a una decisión individual tomada al momento de sembrar.
Un problema regional
La problemática es regional. El control del maíz guacho o voluntario, principal fuente de alimento de la plaga, no puede depender solamente de lo que haga cada productor en su lote.
Si quedan focos de plantas voluntarias en una zona, la presión sobre los cultivos vecinos permanece. Por eso, la nueva campaña también plantea un desafío de coordinación entre productores, asesores, organismos técnicos y territorios productivos.
En este contexto, resulta lógico que la intención de siembra muestre comportamientos diferentes según la región. El recorte promedio provincial del 4%, hasta unas 3,39 millones de hectáreas, no expresa una retirada generalizada del maíz. Más bien revela una estrategia de adaptación.
En el centro-norte, donde el riesgo sanitario adquiere mayor relevancia, la reducción puede alcanzar el 30%, y en algunos establecimientos incluso se analiza dejar de sembrar maíz.
En la zona centro, en cambio, la superficie podría crecer hasta un 6%, según los últimos datos del Departamento de Información Agronómica de la Bolsa de Cereales de Córdoba.
La lectura de estos números es importante: Córdoba está empezando a seleccionar dónde y bajo qué condiciones conviene producir maíz.
Fechas de siembra
Esa selección también involucra las fechas de siembra. La tradicional preferencia provincial por los planteos tardíos enfrenta ahora una discusión renovada.
Fecha de siembra, elección de híbridos, ambiente y comportamiento sanitario deberán analizarse como partes de una misma estrategia. Ya no alcanza con elegir el híbrido de mayor potencial; habrá que considerar cuál ofrece la mejor combinación entre rendimiento esperado y exposición al riesgo.
El clima agrega otra variable a una ecuación que ya es compleja. La posibilidad de un escenario asociado a El Niño genera expectativas de mejores precipitaciones y temperaturas algo más moderadas.
Para el maíz, disponer de agua durante el ciclo y evitar temperaturas extremas durante la floración puede marcar una diferencia decisiva.
Sin embargo, sería un error pensar que una buena campaña climática resuelve todos los problemas. Un cultivo puede recibir entre 500 y 700 milímetros de agua y, aun así, no alcanzar su techo productivo si el suelo no tiene la capacidad de aprovecharlos.
La materia orgánica, el fósforo y el PH aparecen entonces como variables que no deberían quedar relegadas frente a la urgencia de decidir una fecha de siembra. La productividad futura se construye también sobre esas condiciones menos visibles, pero determinantes.
Hay, además, una enseñanza que deja el récord de la campaña anterior. Los buenos resultados pueden generar la tentación de interpretar el potencial productivo como una garantía.
Pero en agricultura no existe tal garantía. Un ambiente capaz de entregar 80 o 90 quintales por hectárea también puede quedar expuesto a una enfermedad, una plaga, una sequía o una ola de calor en el momento menos oportuno.
Por eso, el desafío de Córdoba no debería ser simplemente recuperar o superar los 26 millones de toneladas.
El verdadero objetivo debería ser construir un sistema productivo capaz de sostener altos rendimientos con una exposición al riesgo razonable y con una mayor capacidad de anticipación. Ninguna decisión, por sí sola, resolverá el problema.
La Voz
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