
Los granos ya son biomasa
Los granos ya son biomasa: los biocombustibles parten el mercado y separan los precios entre orígenes
Los biocombustibles se consolidan como un nuevo motor de demanda para la soja y el maíz. Su expansión en Estados Unidos y Brasil amplifica el impacto de la energía sobre los granos y explica la creciente divergencia de precios entre orígenes.
Por Matías Contardi y Emilce Terré
Rosario, Viernes 16 octubre (PR/26)– En junio de este año, el precio del aceite de soja en Chicago alcanzó los US$ 1.747 por tonelada, con una suba del 60% desde enero. Quedó así muy cerca de tocar el máximo histórico nominal de abril de 2022.
Dos caminos distintos para un mismo aceite
Detrás del salto estuvo el cierre del Estrecho de Ormuz, fruto del conflicto armado que se desató en Medio Oriente a fines de febrero. El episodio disparó el precio del barril de petróleo, sacudió los mercados internacionales y alimentó el apetito de los especuladores por los commodities agro.
Tres meses después, el conflicto entre Rusia y Ucrania escaló rápidamente y generó todavía más disrupciones al comercio global. Lo que comenzó como un problema de flujo se fue transformando, poco a poco, en un problema de stock.
La continuidad de los ataques redundó en una destrucción constante de capital: no solo en el crackeo de petróleo crudo, sino también en refinación, infraestructura portuaria y almacenamiento. El golpe fue transversal a incontables sectores, entre ellos granos y fertilizantes.
Bajo este nuevo escenario global, el barril Brent sigue cotizando por encima de los US$ 100 y los futuros de soja, maíz y trigo alcanzaron máximos de tres años y medio en Chicago.
El aceite sigue en un escalón superior, aunque ya no en el pico alcanzado a mediados de año. Aun así, se ubica un 40% por encima de donde arrancó 2026.
Chicago y Argentina, cada uno por su lado
Sin embargo, mientras en el mercado norteamericano el aceite se negocia en un escalón muy superior, en la Argentina el precio de exportación del aceite de soja, que toma como referencia a Chicago, copió la tendencia pero no la intensidad. Entre las dos cotizaciones se abrió una amplitud enorme.
La diferencia máxima llegó a ser del -33%. En promedio, desde fines de febrero, el aceite de soja argentino vino operando con una prima negativa del 24% sobre Chicago.
Esta bifurcación de precios, que suelen ir juntos, no es más que la consecuencia de un cambio estructural en el mercado de commodities agro que se viene gestando desde hace dos décadas y media: un «nuevo» driver de demanda, los biocombustibles.
Un motor de demanda que no para de crecer
Si bien la adopción de biocombustibles es un proceso que data de mediados del siglo pasado en países como Brasil y Estados Unidos, a partir de los años 2000 la promoción y regulación de la industria comenzó a intensificarse y generalizarse en buena parte del globo.
Ya sea con el objetivo declarado de reducir la huella de carbono, diversificar la matriz energética, promover la industria local o una combinación de las tres, gobiernos nacionales y provinciales introdujeron mandatos de mezcla obligatoria. De ellos, la tasa de corte es la herramienta más popular.
Este proceso de promoción derivó en una utilización cada vez más importante de commodities agrícolas para elaborar bioetanol y biodiesel. Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), en el año 2000 se utilizaron 22 Mt de maíz para producir bioetanol en el mundo.
Diez años después, ese volumen anual se había multiplicado por 6,5 hasta alcanzar las 144 Mt de grano, mientras que para 2026 se estima que se utilizarán 205 Mt del cereal para convertirlo en energía.
Con el biodiesel, la dinámica es similar. Mientras en 2011 se usaban menos de 40 Mt de soja, en 2026 Oil World proyecta que su elaboración necesitará 89 Mt, el equivalente al 24% del consumo global de soja.
Vale remarcar que, en el caso de la soja, se considera la cantidad equivalente de poroto necesario a industrializar para obtener los volúmenes de aceite que efectivamente se destinan a biodiesel. Por eso, además de ese aceite se obtiene también, como complemento, harina de soja.
Según Torroba (2025), al año 2024 hay 56 países que directa o indirectamente imponen requerimientos de mezcla de bioetanol con nafta y 45 países con requerimientos de mezcla de biodiesel con diésel. Sin embargo, tanto la producción como el consumo global están fuertemente concentrados en países productores clave.
Entre Estados Unidos y Brasil se explica el 79% de la producción mundial de bioetanol y el 73% del consumo. En biodiesel, entre ambos representan el 40% de la producción total y el 44% del consumo global.
La salvedad en este último punto es que, entre estos dos países, explican el 77% de la producción mundial de biodiesel a base de aceite de soja.
En consecuencia, la transición de la matriz energética global hacia un uso más intensivo de combustibles elaborados a partir de biomasa vegetal despertó una variable de demanda cada vez más intensa. Y está particularmente concentrada en dos de los tres principales exportadores de soja y maíz del mundo.
Estados Unidos y Brasil, en el centro de la escena
Desde 2010 se consumen más de 100 Mt anuales de maíz con fines energéticos en Estados Unidos. Hace tres años consecutivos que se utilizan casi 150 Mt por año para hacer bioetanol, lo que ya supera las dos quintas partes del consumo interno del cereal en el país del norte.
En Brasil, el uso intensivo de maíz como materia prima para etanol es una dinámica muy reciente, pero que viene creciendo a pasos agigantados. Este año, según la OCDE, terminarían utilizando 21 Mt, 2,8 veces más que hace solo cinco años.
Ese volumen representa el 22% del consumo interno de maíz en Brasil, cuando hace una década esta demanda era inexistente.
En biodiesel, el proceso de adopción es más vertiginoso aún. Según las expectativas del USDA para la campaña 2025/26, tanto en Brasil como en Estados Unidos se consumirían con fines industriales cerca de 7 Mt de aceite de soja.
Es decir, 4 y 6 veces más aceite, respectivamente, de lo que esta industria absorbía quince años atrás. Actualmente, más de la mitad del aceite de soja que se utiliza en Estados Unidos tiene una finalidad industrial, mientras que en Brasil esa proporción asciende al 64% del total.
Las consecuencias para el mercado de commodities
Estados Unidos y Brasil son los dos principales países exportadores de maíz y soja del mundo y, al mismo tiempo, de los mayores consumidores. Ambos consumen más maíz del que exportan por campaña, dinámica que también es cierta en el caso de la soja para Estados Unidos.
En nuestro país vecino, en cambio, las exportaciones son muy superiores al consumo local. Aunque esto se debe más a un aumento constante de la producción carioca que a una flaqueza de mercado interno, ya que los brasileños consumen más de 60 Mt de soja por campaña.
Como buena parte del consumo interno es cada vez más traccionada por la demanda para biocombustibles, en el margen el destino energético o exportador del grano compite en el mercado internacional.
En consecuencia, el impacto que tiene el precio de la energía sobre estos commodities ahora es doble: por el lado de la oferta, el tradicional efecto sobre los costos de producción, y por el lado de la demanda, el «nuevo» efecto sustitución entre combustible fósil y biocombustible.
Como ocurrió durante este 2026, al aumentar el precio del petróleo los biocombustibles funcionan como sustituto directo, más aún en aquellos países donde su adopción es masiva. Copian la tendencia alcista en precios y arrastran a las cotizaciones de los granos.
Un claro ejemplo es el mercado brasileño, donde el uso de maíz para bioetanol está creciendo mucho últimamente: al aumentar el precio del petróleo sube el precio interno del maíz, restándole competitividad en el mercado FOB frente a otros orígenes que no tengan una demanda interna tan intensa.
Ello explica que Brasil lleve exportadas 14,5 Mt de maíz en 2026, un 13% menos que el promedio de los últimos seis años, cuando la oferta total de esta campaña es un 25% superior.
Al mismo tiempo, la bifurcación del mercado de aceite de soja también se explica por esta dinámica. En Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) incrementó este año los mandatos obligatorios de mezcla de aceite de soja para la elaboración de biocombustibles en un 77% respecto a 2025, obligando a procesar el equivalente a 3,7 Mt más de soja.
Tal tamaño de demanda interna lleva a que la totalidad del aceite de soja que se produce en el país norteamericano se consuma puertas adentro, con más de la mitad con destino a la elaboración de biodiesel. En consecuencia, al escalar el precio del petróleo, las cotizaciones del aceite de soja en Chicago se dispararon.
El aceite argentino no copió la misma intensidad por el simple hecho de que su demanda está focalizada en abastecer el consumo alimenticio y, casi completamente, el mercado exportador.
Tres conclusiones clave
De este escenario se desprenden tres conclusiones claves:
a) El mercado de commodities está «partido». Dos de los tres principales exportadores de soja y maíz cuentan con un driver de demanda que ningún otro comprador global mantiene en la misma intensidad. Por lo que, frente a cambios bruscos que condicionen la demanda de biocombustibles, los precios de estos orígenes tenderán a separarse del resto.
b) Nunca podrán disociarse completamente. Aunque esta bifurcación exista, los precios internacionales tenderán a arbitrarse.
c) Un shock energético tiene doble impacto sobre los granos. Está el clásico impacto por el lado de la oferta, vía costos de producción, y uno relativamente más reciente, por el lado de la demanda, vía efecto sustitución de los combustibles fósiles. Este último, más intenso en aquellos orígenes donde los biocombustibles tienen más relevancia.
Primicias Rurales
Fuente: BCR
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